FRANZ KAFKA
El proceso
redescubierto
Introducción,
Notas y Estructura
Guillermo Sánchez trujillo
Título
de la edición alemana original: Kafka. Der
Process
© Introducción, Notas y Estructura:
Guillermo Sánchez Trujillo
© 2017: Guillermo
Sánchez Trujillo
Traducción Copyright 2005; John Londoño Smith y Guillermo Sánchez Trujillo
Medellín
2017
Procedencia de
las ilustraciones:
Jorge Valencia Zuluaga: p.5
Tobías Arboleda: p.12
Alain Cork,
Crime & Punishment, NY Sterling, 2008, p.7
Chantal Montellier, The Trial,
NY Sterling, 2008, p.7
Introducción
Tras
la muerte de Franz Kafka (1883-1924), entre sus papeles se encontraron dos
documentos conocidos como el testamento
donde le pide a Max Brod que recoja todos sus escritos y los queme, “sean
diarios, manuscritos, cartas, propias y ajenas, dibujos, etc.”, “sin dejar nada
y sin leerlo”. Brod recuperó casi todo
el legado de su amigo, pero no con la intención de cumplir su última voluntad,
sino para publicar los diarios, los manuscritos, las cartas, propias y ajenas,
los dibujos, etc., pues Brod estaba convencido de que su amigo era un santo que
había legado un mensaje salvador para la humanidad.
La primera obra en ver la luz
pública de la mano de Brod fue El proceso,
la segunda de las tres novelas que Kafka escribió, la cual inició probablemente el 13 de agosto de 1914, día del segundo aniversario de
su primer encuentro con Felice Bauer, obra que terminó de escribir en enero del
siguiente año. Kafka le entregó el manuscrito de la novela a Brod en 1920, y
éste lo publicó en abril de 1925 con la Editorial
Schmiede de Berlín, diez meses después de la muerte del escritor,
iniciándose así una accidentada aventura editorial digna del mejor thriller
cinematográfico.
El proceso es una historia extraña,
que parece absurda: Josef K.,
empleado bancario, es detenido una mañana en su habitación sin haber hecho nada
malo. Probablemente alguien lo había calumniado, sugiere el narrador, pero los
guardianes no saben la causa de su detención, ni quién es la persona que lo
acusa. Tampoco tienen idea de si existe o no un proceso contra él, y dicen
desconocer las autoridades que representan. Una vez le notifican que está
detenido, le piden que continúe su vida cotidiana como siempre. Al final de un
misterioso proceso del que nunca se sabe nada, que dura exactamente un año, dos
verdugos van por Josef K. a su casa, y lo conducen a una cantera en las afueras
de la ciudad, donde lo apuñalan hasta matarlo. “¡Como un perro!”, dijo K., y
“era como si la vergüenza debiera sobrevivirlo”. Fin. El lector queda
desconcertado, sin entender nada.
El proceso no tuvo buena acogida porque tomó desprevenidos a los
primeros lectores, que no estaban preparados para recibir una obra que se decía
novela, pero que no se parecía en nada a una novela o, mejor, a lo que se
pensaba debería ser una novela. A las
pocas páginas de iniciada la lectura, los lectores se encontraban recorriendo
solitarios a tientas un laberinto absurdo salido de un cosmos estético que no parecía ni sueño ni realidad, ni alegoría ni
símbolo, como escribió Kurt Tucholsky a Max Brod, cuando se dirigió a él
con el ruego de que le diera una redentora explicación, pues aquí no sabes nada, ni siquiera si la
obra iba en serio, si se trataba de una broma o de una novela (Stach, 2003). Y
si eso pensaba Tucholsky, uno de los primeros y más inteligentes lectores de
Kafka, por el que éste sentía gran aprecio, qué se podía esperar del gran
público lector, que seguramente la halló indigesta, y no era para menos.
A
finales de la segunda guerra mundial, la percepción que se tenía de la obra
cambió. Tras las experiencias del nazismo, el comunismo y otros regímenes
totalitarios similares, que la novela parecía anticipar a manera de
premonición, el absurdo literario resultó ser en realidad trasunto fiel de un
mundo absurdo que recién se revelaba, con lo que El proceso pasó de obra absurda a ser la alegoría literaria del
siglo XX, y se convirtió en objeto de culto. Sin embargo, a pesar del prestigio
de que gozaba la novela entre críticos y escritores, nadie logró encontrar una
interpretación coherente, lógica, de la obra, sino que, por el contrario,
siempre se llegaba a interpretaciones contradictorias o divergentes que la
novela parecía autorizar por igual, lo que hizo sospechar que la obra encerraba
un enigma oculto que podía y debía ser descifrado con ayuda de un código
especial, una clave secreta, provocando “una especie de delirio de
interpretación”, que condujo
a décadas de disputas entre los especialistas (Robert, 1970). Pero la clave no
se encontró, la hipótesis cayó en descrédito, y finalmente fue abandonada.
Durante
más de cuarenta años, la novela permaneció en el más absoluto misterio, hasta
cuando aparecieron publicadas a principios de los años sesenta las Cartas a Felice y se supo que la
enigmática F.B. de los Diarios, La condena y El proceso era Felice Bauer, una berlinesa hasta ese momento
desconocida que había sido novia de Kafka durante cinco años y su prometida en
dos ocasiones.
La presencia de Felice Bauer en El
proceso complicaba más el enigma, pues ¿qué hacía la novia de Kafka en la
novela? En esas apareció el libro de Elías Canetti sobre las cartas a Felice, El otro proceso de Kafka, en el que
planteaba la hipótesis que El proceso
estaba relacionado con el proceso que se le había seguido a Kafka en el hotel
Askanischer Hof (fig,1), que Kafka llamaba “el tribunal en el hotel”, en el
cual se rompió el compromiso matrimonial de Kafka y Felice. Canetti se apoyó en
la correspondencia y en los Diarios
para sostener su hipótesis, pero muy poco en el texto mismo de la obra, que
persistía indiferente a cualquier interpretación, como lo reconoció el mismo
Canetti, para quien su meditación en torno a El proceso, constituía una injerencia “que no quitaba a la novela absolutamente nada de su siempre
creciente misterio” (Canetti, 1969).
Así
estaban las cosas, cuando un chico nuevo en el vecindario descubrió que El proceso
es un palimpsesto de Crimen y castigo en el que Kafka utiliza el texto de Dostoievski
para narrar de manera críptica sus relaciones con Felice Bauer, particularmente
las relativas a su compromiso matrimonial, cuya ruptura es el tema principal de
la novela. Eso significa que El proceso
tiene estructura de cebolla, con tres textos o capas superpuestas: la primera
capa es el texto base –Crimen y castigo,
que sirve de telón de fondo–; la segunda es el elemento biográfico –real– de la
historia; y el entretejido de estas dos –la obra misma– es la tercera capa, la
única visible a los ojos del lector, y que oculta las dos primeras.
Para
desentrañar esta historia es necesario saber cómo está hecha, es decir,
descubrir el palimpsesto, hacer el inventario de las escenas que Kafka tomó de Crimen y castigo y ver cómo las
ensambló, para establecer la correspondencia entre los textos. Así se obtienen,
sin dificultad alguna, las equivalencias entre los personajes de Kafka y
Dostoievski, pues Kafka escogió preferentemente las reuniones y encuentros de
los personajes de Dostoievski para armar su propia historia, de modo que al
representar sus personajes dichas escenas, su identidad dostoievskiana quedaba ipso facto asignada.
Pero
al dotar a sus personajes de una personalidad dostoievskiana, Kafka logró que
la narración fluyera en dos historias paralelas, una de ellas secreta, que
viven los personajes de Dostoievski, algunos de los cuales tienen además una
contraparte real, los de la pensión Grubach, que Kafka utilizó para narrar —y
ocultar— su aventura con Felice y su amiga Grete Bloch. De ahí que El proceso tenga dos niveles de lectura: uno público, al que
se accede leyendo el libro –como
cualquier libro–; y otro nivel, privado y secreto, que requiere clave de acceso
(cuadro 1).
La atmósfera inquietante y
enigmática de esta obra surge de la forma como está construida. Para el lector,
los personajes parecen sumergidos en un mundo de ensueño regido por leyes
incomprensibles que se ven obligados a obedecer, como si sus vidas fueran
conducidas por hilos invisibles de origen desconocido. Así es en realidad, pero
el lector lo ignora, no sabe que esos personajes son simples comediantes que no
tienen vida propia, movidos por fuerzas de las que no tienen conciencia, pues
la verdadera historia, la que le da sentido a estos personajes que se mueven
como sombras fantasmales en la superficie de la novela, permanece oculta en un
subsuelo literario donde es representada por los personajes de Dostoievski con
Kafka en el papel de director de actores.
Quizás el
aspecto más sorprendente e interesante de la obra de Kafka es su la relación
con la vida del escritor. Kafka no sólo utiliza el texto de Dostoievski para
escribir historias, sino también para vivirlas. Su modus operandi se
puede resumir en la trilogía ficción-realidad-literatura. El universo estético
de Kafka se inicia con la representación en el teatro de la vida de una
historia de Crimen y castigo, que luego escribe utilizando el texto de
la novela de Dostoievski que le sirvió de guion en la representación. En El proceso, Kafka parte de la aventura
o desventura del compromiso matrimonial de Dunia y Lujine, que termina con su
ruptura en el tribunal de la pensión, para vivir su propia aventura o
desventura de su compromiso matrimonial con Felice, que termina en el tribunal
del hotel, una parodia bastante fiel del texto original. Luego, sigue la
redacción de la novela, en la que
narra su aventura con Felice apoyado en la historia de Dostoievski que
le dio origen.
Para Kafka era muy fácil ocultar
herméticamente la historia íntima que encierra la novela; hubiera bastado con
no utilizar de manera literal el texto de Crimen
y castigo para que las huellas de Dostoievski desaparecieran, y con ellas
la conexión entre la ficción y la realidad. Pero Kafka hizo lo contrario porque
amaba más el juego que el secreto, y por eso esta literatura críptica ofrece
generosa las claves para descifrarla. Al fin y al cabo, la historia secreta
exigía para su disfrute —pleno y póstumo—, que los lectores reconocieran los
personajes y los hechos que entrecruzaron sus vidas. Kafka siempre supo de la
calidad extraordinaria de su obra y nunca tuvo la intención de destruirla; de
lo contrario no se la hubiera entregado a Max Brod su más ferviente admirador.
Como si no fueran suficientes los problemas que
planteaban a la crítica el origen, la forma, el contenido y la interpretación
de la novela, había una dificultad mayor con el manuscrito, pues su
ordenamiento resultó ser un enigma más, esta vez hermético. Resulta que los capítulos de la novela se encontraban separados en
sobres sin numerar, sin que se supiera a ciencia cierta cuál era su lugar en la
novela y, algunos de ellos, decía Brod, estaban sin terminar. Entonces, Brod
eliminó los capítulos que consideró inacabados y ordenó el resto según sus
propios criterios. Fue así como El
proceso apareció en la primera edición con sólo diez capítulos de los
dieciséis[1]
de que constaban los manuscritos, en el siguiente orden:
1.
Detención.
Conversación con la señora Grubach. Luego la señorita Bürstner
2.
Primera
investigación
3.
En
la sala vacía. El estudiante. Las oficinas
4.
La
amiga de B.
5.
El
flagelador
6.
El
tío. Leni
7.
Abogado.
Fabricante. Pintor
8.
Comerciante
Block. Despido del abogado
9.
En
la catedral
10. Fin
En la segunda edición publicada por la editorial Schocken en 1935,
aparecieron en un apéndice los capítulos
(cinco de seis) que no habían aparecido en la primera, donde se encuentran
desde entonces. Brod no incluyó el capítulo "Un sueño"
porque Kafka ya lo había publicado en la colección de cuentos titulada "Un
médico rural" (1918).
Apéndice de la segunda edición:
A
casa de Elsa
Viaje
a casa de la madre
Fiscal
La
casa
Pelea
con el subdirector
Desde que se conoció el apéndice, los estudiosos de la obra trataron de
encontrar en qué parte de la novela van estos capítulos, pues
así estén inconclusos, como se dice, es preferible que ocupen el lugar
correspondiente y no que estén arrumados en un apéndice. El primer intento de ordenar El proceso provino de Herman
Uyttersprot, quien, en 1953, propuso una
revisión de la estructura de la novela. Según Uyttersprot, mediante un
análisis de contenido era posible fijar
temporalmente los capítulos e incidentes de forma suficiente, como para
determinar su orden de sucesión. Pero nadie aceptó “la cronología completa y
suficiente” desarrollada por él, empezando por Brod que encontró demasiado
problemática la excesiva cantidad de conexiones.
Después, otros académicos como Hans
Elema (1977) y Christian Eschweiler (1988) propusieron sendas estructuras, que
tampoco gozaron de la aceptación general de los académicos. Entre otras
razones, se decía que mientras no se conocieran los manuscritos, cualquier
intento que se hiciera no era más que mera especulación, pero los manuscritos
eran inasequibles porque Brod los conservaba bajo llave sin permitirle a
nadie que los mirara.
Tras la muerte de Brod (1968), su
secretaria Esther Hoffe heredó los
manuscritos. En 1987, la señora Hoffe los
consignó en Sotheby’s para rematarlos en subasta pública. Los manuscritos
de El proceso fueron adquiridos por al Archivo de Literatura Alemana en March, donde
reposan actualmente. Pero los manuscritos de poco sirvieron al grupo de estudiosos que con
financiación del gobierno alemán preparaba desde 1974 la edición crítica de las
obras completas de Franz Kafka, porque los capítulos no sólo estaban en sobres
sin numerar, sino que tres de los sobres contenían sendos legajos con varios
capítulos escritos secuencialmente en un orden en apariencia arbitrario, que
hacía de la estructura de la novela un verdadero enigma (fig.1).
En 1990, apareció “El proceso” como tercero y último tomo de las
novelas de la Edición Crítica Alemana de las obras completas de Kafka, que
terminó siendo una versión desmejorada de la edición de 1935. Sin embargo, la
llaman “edición definitiva”, cuando
la mayor contribución de esta edición alemana al (des) orden de El proceso fue haber aumentado el apéndice de cinco a seis capítulos, sin
necesidad porque se sabe dónde va “La amiga de B.”
A principios de 1995, la Editorial Stroenfeld decidió cortar por lo sano
con una edición facsimilar de los manuscritos,
en sobres aparte como los originales, para que fuera el lector el que
finalmente ordenara los capítulos como a
bien tuviera. En el mismo año, Schocken
Books volvió a publicar la edición de Brod de 1935, llamándola también
“definitiva”, en un claro mensaje que decía “dejen la novela como estaba, que
no se puede mejorar”.
En el 2002, el problema del orden de los capítulos
de El
proceso fue declarado “oficialmente” insoluble por el profesor
alemán Reiner Stach en el segundo tomo de la biografía de Kafka, “Los años de
las decisiones”:
Brod no podía responder
a la cuestión de cómo habría el autor dispuesto y ensamblado finalmente las
piezas, y a pesar de los avances de la filología en materia de edición, hasta
hoy nadie ha logrado dar una solución completa y satisfactoria. El problema es,
con este manuscrito, insoluble. Así que no nos queda más remedio que esperar
que un día, en algún olvidado desván de Praga, se descubra un índice
confeccionado por el propio Kafka…. […] (Stach, 2003, p.580).
Por
primera vez, los kafkólogos estaban de acuerdo para no tener que lidiar más con
esa
pesadilla.
*
El
descubrimiento que El proceso es un
palimpsesto fue definitivo para el
ordenamiento del manuscrito, pues la clave no estaba en El proceso, la capa más superficial del palimpsesto, sino en Crimen y castigo, la capa profunda que
sostenía y daba sentido a la historia. El
problema exigía una especie de rayos X porque, contrario al tradicional
análisis de contenido, las radiografías desvelan la estructura interna de la
novela, sus piezas, y permiten resolver el problema de su estructura como por
arte de magia.
El proceso consta de 17 capítulos divididos
en 5 grupos, de los cuales los impares (1,3,5) se ordenan secuencialmente con
facilidad, y los pares (2,4) solo se pueden ordenar siguiendo la estructura de Crimen y castigo, un hecho que explica
por qué los intentos por ordenar los capítulos de El proceso a lo largo de seis décadas han fracasado.
|
Capítulos de El proceso
|
|
|
|
1. Detención.
|
(3,II)
|
1º día,
cumpleaños 30 de K., martes en la mañana
|
|
2. Conversación con Frau Grubach.
Luego con F.B.
|
Capítulos de Crimen y castigo
|
1º día,
martes en la tarde
|
|
3. La amiga de B.
|
1º
domingo, 5 días después
|
|
|
4. Primera investigación.
|
(1,II)
|
2º domingo
|
|
5, En la
sala vacía. El estudiante. Las oficinas.
|
(1,II)
|
3º domingo
|
|
6. El flagelador.
|
(2,II)
|
2º grupo
|
|
7. A casa
de Elsa.
|
(6,II)
|
|
|
8. Fiscal.
|
(7,II)
|
|
|
9. El tío. Leni.
|
(3,III)
|
K.
conoce al abogado
|
|
10.
Abogado. Fabricante. Pintor.
|
(5,IV)
|
K.
piensa en despedir al abogado
|
|
11. Comerciante
Block. Despido del abogado
|
(5,IV)
|
K.
despide al abogado
|
|
12. La
casa.
|
(6,IV)
|
4º grupo
|
|
13. En la
catedral.
|
(2,VI)
|
|
|
14. Pelea
con el subdirector.
|
(3,VI)
|
|
|
15. Un
sueño
|
|
K sueña
su muerte y decide visitar a su madre
|
|
16. Viaje a
casa de la madre.
|
(7,VI)
|
15 días
antes del cumpleaños 31
|
|
17. Fin.
|
(8,VI)
|
víspera
del cumpleaños 31
|
Se puede ver a simple vista que
los dos primeros grupos, que conforman la primera parte de la novela, salen
principalmente de la segunda parte de Crimen
y castigo. Probablemente esta elección se debe a la astucia dramática de
Kafka, que al empezar la novela con los primeros capítulos de la segunda parte
de Crimen y castigo, nos introduce en
la trama de Dostoievski inmediatamente después de aquello, enfrentándonos a una serie de personajes y situaciones que
no comprendemos en absoluto, pues no tenemos noticia alguna del crimen del
capítulo anterior, entrando de inmediato en los terrenos del misterio y del
absurdo. Imaginemos por un momento que Dostoievski hiciera lo mismo; que no
mencionara el crimen de Raskolnikov en toda la obra, que no supiéramos nada del
asesinato de las dos mujeres, pero en cambio aparecieran todas las escenas sin
rastros del crimen. En ese caso tendríamos un Crimen y castigo muy distinto al que conocemos –sin crimen–, un proceso
enigmático, surrealista y sin sentido.
Esta característica hace de El proceso una novela humorística como
la que más, pero en secreto, siendo el lector la primera víctima de este humor
que se pasea delante de sus ojos sin que lo eche de ver. Esto se puede
ejemplificar trayendo a colación la primera parte de “Detención” donde Kafka parodia
el capítulo (3,II) de Crimen y castigo
en el que Raskolnikov, después de cometer el crimen, cae enfermo y, tras varios
días entre el delirio y la inconsciencia, despierta con un desconocido en la
habitación que lo mira con curiosidad. Raskolnikov piensa que está detenido,
que todos en la casa ya saben que él es el asesino, y esa incertidumbre
Dostoievski la alimenta con situaciones y diálogos equívocos a lo largo del
capítulo que aumentan el nerviosismo y la incertidumbre del estudiante.
En “Detención”, Kafka recrea con
literalidad una a una las situaciones que vive Raskolnikov al despertar, como
si Josef K. estuviera viviendo o soñando las mismas escenas de Crimen y castigo. La diferencia está en
que los lectores de Dostoievski conocen todos los pormenores previos al
despertar de Raskolnikov (la primera parte de la novela) y comprenden sus
temores al no saber si quienes lo rodean se están burlando de él fingiendo que
nada saben de su crimen, para después saltarle al cuello y gritarle ¡asesino!
Por el contrario, los lectores de Kafka nada saben, y lo que en Crimen y castigo es tragicómico, en El proceso es simplemente absurdo.
“El tío. Leni” es el capítulo central de la
novela y el punto de inflexión a partir del cual el proceso se acelera con el
encuentro de K. y el abogado Huld, a quien K. contrata para que lo asista en su
proceso, sin sospechar que el abogado es en realidad el álter ego de Porfirio
Petrovich, el juez que persigue a Raskolnikov. Eso explica el retrato del juez
en el despacho del abogado Huld y lo contraproducentes que resultan sus gestiones
para el “inocente” Josef K.
“La
casa” es uno de los capítulos imprescindibles de El proceso, sin el cual es imposible seguir la trama y comprender
el final de la novela. Si Brod lo envió al apéndice, no es como dice él por
tratarse de un capítulo incompleto sin importancia, sino porque no le quedó
otra salida con este enigmático capítulo, muy difícil de ubicar. La idea que El proceso es una novela inacabada y que los capítulos del apéndice
están incompletos y no son necesarios es un mito en cuya creación participaron
por igual Max Brod y Franz Kafka, editor y autor.
La
estrategia de Brod de desechar por incompletos los capítulos que no pudo
ordenar le permitió publicar la novela, pero tuvo como una de sus consecuencias
nefastas la desorientación permanente de los investigadores, quienes siempre
creyeron que la novela estaba sin terminar, lo mismo que los capítulos del
apéndice, los cuales pensaban no contenían nada esencial para la evolución de
la acción. Nada de eso es cierto, pero todos lo creyeron porque la novela era
un misterio.
No
es difícil imaginar que Brod, al no poder ordenar el manuscrito, le preguntó a
Kafka por el orden de los capítulos de la novela. Pero como Kafka no pensaba decirle
ni mucho menos cuál era el orden, probablemente le dijo, como cuenta Brod, que
la obra estaba sin terminar porque faltaban fases para la instancia suprema del
proceso de K., de modo que no insistiera en el tema de la estructura, y pensara
como aquellos que dicen que la novela sólo es un proyecto inconcluso que el
mismo Kafka no sabía cómo iba a terminar. De lo contrario, hubiera tenido que
revelar su secreto y traicionar su obra, que también era un juego, un modelo
para armar, que tenía reservado a sus futuros lectores, pues no tenía duda de
que Brod la iba a publicar. Para eso se la entregó.
Hasta
ahora, la crítica especializada ha sostenido que Kafka era un improvisador, un Mozart literario, y nadie parecía
sospechar lo contrario: que Kafka era un paciente y consumado artesano, con una
técnica y un método de construcción tan sofisticados que le permitieron crear
una obra de gran arquitectura literaria, escrita sobre planos, en la que Kafka,
a partir de la trama y la estructura de
Crimen y castigo, sincronizó escenas, personajes y diálogos, haciéndolos
avanzar sobre una trama y estructura paralela hasta el final. No es gratuito
que los dos últimos capítulos de El
proceso, “Viaje a casa de la madre” y “Fin”, salgan de los dos últimos
capítulos de Crimen y castigo
[(7,VI), (8,VI)]. Este hecho permite afirmar que la novela El proceso está terminada.
En
esta edición, la novela aparece por primera vez ordenada y completa, como en el plan inicial de
Kafka, y se resuelven varios de los principales enigmas que hicieron de la
novela de Kafka un absoluto misterio durante casi un siglo. Sin
duda, una edición histórica que abrirá las puertas del laberinto kafkiano hasta
el presente hermético, y hará florecer los estudios sobre la obra y vida del
autor bajo una nueva luz.



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